viernes, 27 de junio de 2014

DIA 15: Soñar no cuesta nada. O si, 135 us$

Quedaba un partido todavía. El último en el Luftus Stadium, para nosotros y para el Mundial (es el cuarto, ya conocemos cada rincón y al morocho que nos controla el ticket). Ilusionados elegimos el partido y pagamos los 135 dólares ya que la recompensa era valiosa: nos esperaba un Italia-Dinamarca o un Italia-Camerún con Eto’o ansioso por emular a Roger Milla.

Pero no… Italia no pudo con Eslovaquia, Camerún no pudo con nadie y a esa tarde nublada fuimos a paso cansino, casi desganado, casi arrepentido a ver el clásico entre….Paraguay- Japón.  Saludamos al morocho que cortó el primer ticket de la historia y último de Sudáfrica 2010 al debutante mundialista

Nos animaba al menos alentar al Tata Martino, ya que uno de los nuestros era amigo rosarino de larga data. Incluso aporto alguna entrada Premium, que por supuesto rechazamos.

La providencia nos puso justamente en el bando contrario. Nos ubicamos en platea preferencial en el centro del campo, de frente al dúctil Ortigoza , número 5 paraguayo,  rodeados por la barra brava japonesa y al lado de un par de eslovacas a las cuales les dieron coordenadas equivocadas…

El partido tenía un ritmo descomunal….mente aburrido. Durante los 120 minutos que duró hasta los penales, paso de todo….;
·         Jugamos al truco

·        












  • Dormimos......

·         Hicimos el web check  in para el día siguiente
·         Escribimos un par de post para el blog…

Todo menos ver fútbol, impropio. De todas maneras, ya en el tiempo suplementario los japoneses nos terminaron cayendo bien por simpáticos y por tener todas las melodías del futbol argentino en sus cantos en dialecto samurái. Hasta lookeados con animé en sus cabezas….

Perdió por penales Japón. Los jugadores se  acercaron a nosotros, no identificamos si a saludar, agradecer o pedir perdón por el bodrio. Los hinchas juntaron sus residuos en bolsas y se fueron cantando igual.

 
 
 
Salimos apurados. A nosotros nos quedaban valijas por preparar

DIA 15: Residencia Pretoria, Brooklyn Guesthouse


Otra mañana, no cualquier otra. La última en nuestro hogar sudafricano, ahora que ya estábamos amigados con colchones, cocineros, camareras, dueños. 15 días que parecieron menos. También es la clase final de matemáticas del pequeño mundialista.
 
Después de dejar a la hora del desayuno nuestros saludos en las paredes delBrooklyn Guesthouse Café, inmortalizamos para siempre en este Diario, algunas imágenes de donde guardamos nuestras ilusiones este tiempo.

 Asi que , terminen el juguito de naranja, los scones y el cafe negro africano y hagamos una visita guiada












Este es el deck para la sobremesa de los almuerzos, justo afuerita del comedor principal. Aquí el equipo tomaba sol en las frías mañanas mientras esperaban a los que desesperaban por 5 minutos de wi fi del siglo XX

 
Lugar de encuentro una vez al día: el microcine donde en pantalla gigante analizabamos la performance de Cristiano, Ozil, Robben, los coreanos, Rooney.....

Si vamos a verlos a la cancha, había que conocer sus movimientos









El comedor, ritual matutino y de algunas noches, cuando no teníamos que conformarnos con spretzels, pizzas o fideos con queso...











 

 
 
 
 
 
Las otras casas escondidas por el predio. en 15 días nunca supimos quienes las habitaron, no los cruzamos en el desayuno ni en las salidas.
 
Sospechamos de fundamentalistas argelinos...
 
 
 
Finalmente, nuestro hogar, alli adentro durmieron las esperanzas, las alegrías, los planes, las estrategias, las esperas, los olores, los brindis....
 

martes, 24 de junio de 2014

DIA 14: Chile....This is it (una con ritmo de samba)

Luego del sorteo del Mundial, conocidas las sedes donde jugaría Argentina, definida la estrategia de fijar cuartel de operaciones en Pretoria durante dos semanas , conocer el mítico estadio de rugby devenido en mundialista Ellis Park era una cita obligada.

Escenario de la final del Mundial de Rugby de 1995, fue también testigo del inicio de la reconciliación sudafricana, coronado con el campeonato logrado por los Springbocks, moralmente liderados por Mandela. Primer presidente negro, entregado a una causa deportiva blanca…

La oferta era un partido de octavos de final, donde la lógica marcaba que debía jugar Brasil. Y allí fuimos. A ver que tenía en la galera el Loco Bielsa con su Chile revulsivo, que arrancó para arrasar y se autodestruyó con España condenándose a cruzarse con el mejor del torneo.

El Ellis Park está ubicado dentro de la ciudad, en una zona de alta densidad, poblacional y edilicia. Los autos quedaron lejos del estadio, bien lejos, custodiados por los trapitos que daban cosquillas en lo profundo de la noche. Caminamos cerca de 3 km, hasta los accesos, pocos y angostos,  instalados en las calles del barrio ….

Lo que meses atrás era demanda morosa, ahora era furioso entusiasmo, miles pugnaban por entrar, muchas banderas, gorros, bufandas sudafricanas encolumnadas, bajo sospecha de haber elegido a quien alentar luego de su eliminación.

 
 


Llegando a los controles, y faltando poco, las masas corporales se aprisionan para acelerar el trámite. Se confunden en un solo color, algunos de los nuestros se mimetizan con el entorno….

 
 
 
 
Finalmente pasamos, llegando a la explanada de acceso a las escaleras, la vuvuzela mundialista empezó a dar rienda suelta a tanto soplido negado, contenido.





El equipo mundialista se ubicó en la zona alta del estadio, a la altura de un banderín de corner.  Es un monumento impresionante,  el menos modificado,  con los vestigios de la opulencia blanca, aún mantiene los palcos privados en una de las cabeceras. Las tribunas tienen poca inclinación, uno tiene la impresión que si se asoma demasiado, se cae en picada al campo de juego.


 
El partido empezó vertiginoso. Chile iba, presionaba, se exponía. Brasil tocaba, esperaba, observaba paciente. En el aire se respiraba que era cuestión de tiempo.
 


Las caras de precupación eran directamente proporcional al juego brasileño que terminó en festival, 3 0. Agradecidos que el fixture nos ponía el eventual duelo en la final, desandamos el camino hacia los autos. Cruzamos varias esquinas con habitantes de las veredas sin techo reunidos alrededor de un tacho con fuego, paliativo primitivo del frío para la especie humana. Nos saludaron y saludamos, en ningún momento sentimos que estuvieramos en zona de peligro.
Junto a los autos esperaban estoicos los trapitos que se llevaron ración extra de rands. A esta hora, la problematica siempre era la misma, que comer. Encontramos un Mc Donalds, luces encendidas por dentro, penumbra por fuera. Nos acercamos, no nos miraban para abrir. De repente una voz gruesa nos dice a nuestras espaldas: "Golpeala papá, si le das con fuerza te venden algo". Al girar, vimos unos gorutas enfundados en camperones oficiales de Independiente. Hinchas Unidos, barras bravas, no preguntamos.....pero en ese momento si sentimos inseguridad...
Subimos a los autos, paramos en una Shell de la entrada de Pretoria, cervezas, spretzel, papas, pan.....mañana será otro día.

viernes, 20 de junio de 2014

DIA 14: El Día despues de Mañana


Cada jornada de eliminación en el espacio Mundialista genera el desgaste de varios días de vida terrenal. Son comprimidos concentrados de adrenalina, estimulantes antidepresivos con absurdas contraindicaciones ante un resultado inesperado.
 
La vuelta a casa en la autopista Joburg – Pretoria fue agotadora, aflojaban los músculos pero teníamos  que organizar lo que viene por delante. No sobra el tiempo, a la mañana siguiente había que reservar vuelos, alojamientos, autos para Ciudad del Cabo, próximo escenario de aquello que vinimos a buscar.
 
La ola polar empezaba a perderse hacia el Norte,  absorbida por la sabana inmutable. Esa mañana ya permitía que el desayuno lo disfrutáramos con el sol tibio que iluminaba el Brooklyn Guesthouse Café. Cuando nos encontramos,  Fernando ya tenía reservas de vuelo, auto, 15 llamadas a la agencia de viajes.  Los demás seguimos sin opinar. Había que correr hacia el Cherry Lane Shopping Center a buscar tickets y vouchers para el auto,  y elegir hotel.

Al mismo tiempo,  los que ya tenían fecha de vencimiento de su viaje pugnaban por a los Malls de las afueras, a buscar los souvenirs, el salvoconducto para regresar a sus casas.
Asi transcurrió la mañana, entre reservas y regalos, hasta una discusión en un semáforo con un bafana que casi nos afana con el precio de bufandas y vuvuzelas. El pequeño mundialista también recolectó elementos  de persuasión para maestros y favorecedores: Lápices, lapiceras, muñecos. Y la tan ansiada corneta, que a poco de volar llegó a sus manos.

El Día después de Mañana, medio equipo mundialista abordará el chárter de Aerolíneas rumbo a Buenos Aires.  Compromisos laborales, promesas familiares, requerimientos escolares, sea cual fuera la causa, hoy no encuentra explicación en el torbellino de emociones. Argentina seguirá rumbo a Ciudad del Cabo y  nos invita seguir. Algunos iremos, otros no. Pero para eso, todavía faltan un par de partidos de octavos de final, todavía hay cosas para disfrutar.

viernes, 2 de julio de 2010

DIA 13: Carlitos cada día canta mejor

Junio de 2006. Leipzig. Las calles atiborradas de camisetas verdes mexicanas, plenas de soberbia triunfalista, preanuncian una noche que será batalla de octavos de final. El equipo mundialista, desde temprano apostados en los alrededores, da vueltas con más silencios que palabras. En un bar/pizzería, observan como Alemania gana sin demasiados sobresaltos, con Klose en cancha y dos goles de su joven estrella debutante y se convierte en el próximo rival del ganador de esa noche.

Junio de 2010. Johannesburg. La ciudad recibe miles de camisetas verdes mexicanas, con espíritu de revancha aunque menos triunfalismo, pero listos para la contienda de octavos de final. El equipo mundialista, más numeroso, desde temprano está apostado en los alrededores, deambula con más silencios que palabras. En bares y pizzerías, vieron como Alemania pasa con solo algunos minutos de sobresaltos, con Klose en cancha y dos goles de su joven estrella debutante y se convierte en el próximo rival del ganador de esta noche.

Matices. Sólo matices diferencian historias que lúdicamente se repiten. La misma instancia, el mismo rival, el mismo horario, los mismos nervios. Algunas cosas cambiaron. Carlitos y Lio ya no están en el banco, van de entrada. México llega con lo que le queda. Y el frío….eso si es bien diferente.

Con el cambio de ropa, que divide el día de la noche, consumado, el equipo, apunta al Soccer City. Nervioso y deshilachado. La ansiedad por llegar no admite esperas, y cada uno va a su ritmo, corriendo hacia los transfers abarrotados hacia el estadio. Las mentes solo responden al impulso de llegar, de estar, de acompañar la ilusión. Sensación únicas y que cada uno procesa y vive a su manera. El resultado fue que nadie espero a nadie y varias combis llevaron al equipo. En la última abordó Fran, que imploraba por una vuvuzela.

En la cola, una dura batalla por conseguir una bandera argentina. Comprarla, claro, pero a la mitad de precio inicial. Arrancamos en 100 rands, pero nuestra negativa rotunda aflojaba la oferta. Llegando a 60 hicimos la oferta de 50, con el billete en mano. Pero parece que ofendimos al comerciante, que nos miró fulminante. Afortunadamente, un segundo después subimos al micro.

La combi se acerca por la rampa de acceso, el imponente espectáculo del estadio iluminado acelera el pulso, el joven mundialista mudo por los nervios, enlatado en la camiseta que decide lucir sobre los polars.




En los improvisados playones de descenso, parte del grupo, culposo, nos estaba esperando para recorrer a pie los metros que faltan. Pasos rápidos y generosos, casi de especialidad olímpica, no logran quebrar la ilusión óptica de lejanía del monumental escenario.







Gentes de muchas partes acuden a la cita. Se amontonan en los accesos. Puerta 10 entrada K, block 118. La luna colgada de las estrellas del Este es testigo del peregrinar silencioso de los hinchas. No paramos en las cámaras de la previa de los canales de televisión, no es lo nuestro cuando empieza el verdadero Mundial, la concentración es total, el momento de verificar los tickets en esta instancia es peor a la entrega de la nota del final de la carrera. Si algo falla, no hay recuperatorio.


Entramos a los pasillos del estadio. Se percibe la tensión, la espera que no termina, es el partido que vinimos a vivir, como en el 98, como en el 2006. Los otros se disfrutan, este se sufre. Con esa dosis de miedo, que requiere en algunos, ciertas necesarias detenciones….





Las ubicación, detrás de un arco. Allí abajo, donde se extiende el césped. Faltan solo algunos escalones y casi una hora y media para el partido. El tiempo se detiene, dando la razón a quienes sostienen que no es una medición objetiva, sino una percepción relativa.








El estadio es un murmullo. Los habituales madrugadores deambulan entre las plateas, saludando, observando, sacando fotos, respirando profundo. Aquellos encargados de las banderas encuentran un motivo para apretar el tiempo. No faltará mucho para el reconocimiento del campo. El murmullo se acelera desde la platea baja porque en la boca del túnel aparece Romero, el primero en pisar el pasto. Impensadamente, llueven desde la cabecera, kilos de serpentinas interminables, saludando a los jugadores. Los voluntarios de verde no pueden creer lo que ven. Los jugadores vienen de nuestro lado, cerca de donde Goyco y el Bambi hacen la previa. Vibramos sabiendo que la cuenta regresiva comenzó.



Twitter, ese vinculo de emoción instantánea con los que están del otro lado, transmite a la velocidad que permiten los pulgares tiesos por el frío y los nervios.

“Diego se para entre los titulares, la vincha de Demichelis por un momento entró en confusión con la de Garce, se paralizó la tribuna”
“Hoy es el día M. Se viene el cambio de mando. Por primera vez, la ovación para Messi iguala o por poquito supera el DIEZ con mayúscula”, son algunos de los tweets.

El institucional de la FIFA previo al partido, muestra imágenes de la historia. La clásica imagen de Diego en el 86 cantando el himno emociona. Como todas las veces, el grupo mundialista despega la mirada del campo para concentrarse en las pantallas, que luego presentaran los equipos.






Falta menos. El frío hace la espera más interminable. Los jugadores terminaron el calentamiento, los 23 siempre juntos y con el DT en el centro. Antes de irse, una nota con Niembro y el pollo Vignolo, a 5 metros de la cabecera brava, para dejarla picante, esperando verlo en minutos de saco y corbata.

Ya no falta nada. Los equipos vienen a la cancha. La cabecera brava inunda otra vez el campo con el blanco de las serpentinas traídas de quien sabe dónde. Pica Messi preparando los músculos, salta Heinze destrabando sus rodillas. Es hora del ritual, los equipos se forman de cara el palco y nos da la espalda, para que suene con más fuerza que nunca el himno resumido en una cadena sonora de O mayúsculas, el himno de la selección. Ya se ubican en sus puestos, Romero va hacia el arco contrario, bien lejos.




Los voluntarios otra vez retiran en cantidades impensadas los rastros de papel. Serpentinas, globos , papelitos, como si el partido se jugara en el Monumental, en cualquier lugar de Argentina







El partido avanza con esos minutos que no dicen nada, porque el equipo no dice nada. Messi se retrasa y no puede jugar, los mexicanos no quieren jugar. Se hace cerrado por impericia e indecisión. La pelota pasa rápido por el medio, que no tiene dueño.

Minuto 26. Ataque de esos que van a toda velocidad, y dependen del milímetro. Carlitos traba y choca en el punto del penal, rebote que cae en la zurda de Lio que la pica al arco. Tevez cabecea en el área chica el toque que no entraba y sale gritando hacia el banco. Nos miramos y gritamos, el línea y el árbitro, corren hacia el medio, perseguidos por los escandalizados mexicanos. Un offside de potrero que se comen increíblemente, pero ya está, hoy nos toca.
De repente, en las pantallas del estadio, repiten el gol, en un hecho inédito y escandaloso, la trasmisión incitando a la violencia, reflejando el absurdo gol convalidado. El juez lo ve y se da cuenta. Habla con el línea. Le pregunta si vio offside. Olemos la mano negra. El línea dice que no. El italiano, con la seguridad de estar asistiendo al final de su carrera internacional, responde al reglamento y sanciona el gol. “Ole, ole ole ole, tano tano”, baja de la cabecera burlona, agradecida, aliviada.



El equipo del golpe por golpe, se desata. Los mexicanos terminan de comprender aquello del centímetro que divide la gloria del abismo. Es el centímetro que levanto de más el central Osorio su botín derecho para parar la indómita Jabulani, la de la redondez perfecta. Pasa el Pipita como un rayo a buscarla, mete una pisada de Primer Mundo futbolero y siete minutos después, sin dejar que el rival vuelva de la sensación de robo, les inyecta sensación de callejón sin salida.

Los últimos 15 minutos pierden vértigo, y expone la falta de manejo. México se adelanta, y Argentina retrocede. No preocupa hoy, hay ventaja. El segundo tiempo arranca igual, vemos venir las camisetas verdes con las barreras de peaje del mediocampo abiertas. Se necesita urgente…algo. Carlitos vuelve al escenario, aclara la voz, encara de derecha hacia el centro, prueba una nota larga, aguda, curva, con efecto, que se clava en el ángulo irremediablemente. Abre su boca y el corazón y el pecho llenos del grito de gol que quedará en su historia personal. Se abraza con Diego, con nosotros. Van 5 del segundo, y ahora sí, la historia se termina. A fuerza de prepotencia ofensiva más que de concepto.

Los 40 que quedan, son iguales a los 5 anteriores. Solo el quiebre del gol. Los mexicanos con nada llegan demasiado. Chicharito Hernández descuenta, Heinze saca dos pelotas en la línea que Romero miraba pasar, y pasa a ser figura con sus rodillas destrabadas. Una pelota reventada viaja hacia el Diego que la baja de taco y produce la mayor alegría de esos 40 en la cabecera brava.

Entra Verón a tenerla, sale Carlitos. Enojado patea una botellita, tenía un último tema guardado para los bises que el director no le regala al público. Termina. En sentido opuesto a la fiesta con Corea. Preocupados, la Bruja tampoco fue solución, pero sabiendo que este equipo tiene más de un as macho en la manga. Los mundialistas respiran aliviados. Aquellos que se van, se irán cumplidos con lo que imaginaron en aquel ya lejano día, quizas noche en que el “No vamos” cambió por el “Hay que ir”.









El frío y ese final, apuran la desconcentración, hoy no da para festejos alargados para que alguna cámara nos tome y nos encuentren en casa. Los gruesos policías parecen percibir el ambiente y apuran la salida, rastrillando las plateas con menos sonrisas que de costumbre.






Queda un largo trecho hasta el bunker. Todavía hay que desandar el camino a los autos, previa cola para subir a los transportes que nos saquen. El pequeño mundialista cumplió su objetivo: vino, vió y ganó. Se irá invicto. Esa satisfacción desata una interminable cataratas de chistes con las que ameniza la espera. Ivan sale al cruce con su repertorio guardado en algún rincón oculto. Lucha pareja, tiran y tiran. Suben al micro y todavía les quedan algunos por intercambiar, grandes compañeros de viaje.

Ya no queda nadie por Joburg, caminamos lentos hacia el estacionamiento donde quedan no mas de 5 autos, incluyendo los tres nuestros. Al final de la fila el Fran recorre en silencio el vaivén de emociones que lo atravesaron en una tarde.

Es el final de un día demasiado intenso. Cuatro años atrás, los sueños viajaban a Berlín, cruzando rutas de esperanza. Hoy, soñaran con la revancha, con la mente puesta en Ciudad del Cabo, en el Cabo de la Esperanza.

DIA 13: Una de piratas...

Se dice que en un partido eliminatorio, en un combate sin revancha, la fortuna, a favor y en contra, pueden tener extrema influencia. Una lotería, si el temor lleva la contienda a la pena del penal.

La historia de los Mundiales, sin embargo, dice que la suerte juega con cartas marcadas: los grandes, siempre están, no mueren en las vísperas, sino donde su historia los ubica, muy pocas veces la banca le da lugar al punto a hacerla saltar en estas instancias.

Juegan Alemania – Inglaterra, y la historia tiene la palabra. Sabiendo lo que sabe, el grupo mundialista cree que cualquier cosa puede pasar, y por tanto, decide pasar la vigilia de NUESTRO octavo de final, en el Casino de Joburg, esperando que la ruleta no cante un 0.

Gold Reef City Casino es un complejo situado a 8 minutos del centro. Incluye el museo del Apartheid y un parque de diversiones. Es nuestro centro de operaciones, cada vez que el Soccer City nos convoca.


La fachada del edificio impresiona con sus springbocks dorados, sobre las fuentes brillando al sol tibio de la tarde.Visitantes de distintos lugares se agolpan en las puerta. Cuesta entrar. Los detectores de metales monitorean las mochilas. Es la hora del partido.



En el interior del edificio nos dan la bienvenida dos elefantes dorados, ataviados con ropas brillantes, más parecidos a los vistos en películas de la India que en la sabana africana.



El casino tiene varios espacios. Restaurantes, salones públicos de mesas abiertas, salones privados de mesas cerradas. En el centro, un hormiguero enloquecido alrededor de las maquinas tragamonedas, que sorprenden. Más de 2000 slots que no usan moneditas ni fichas, sino directamente tu tarjeta de crédito.
El equipo busca su espacio. No hay un lugar que cobije a todos. El partido está por empezar, y las indefiniciones asumen decisiones. Dany se perdió dentro de un pub, Alfred buscaba el patio de comidas. Antes que la diáspora sea incontrolable, partió la orden certera: “Muchachos, cada uno por su lado. En dos horas, nos encontramos abajo del elefante, y salimos”

El pequeño mundialista encabeza la búsqueda de un televisor. Una puerta comunica con un salón de juego, que tiene televisores. Le pedimos que investigue y allí va. 30 segundos después un Gorutta lo saca del brazo y de puntín.

El grupo se disgrega. Al final del gran salón, una pizzería cuyo dueño griego armaba mesas multitudinarias de argentos e ingleses, nos presta una mesa y dos sillas, para que le entremos a una de muzza con cerveza africana.

Empieza. Alemania tiene las dudas que le dejo Serbia. Pero a los 20, se juntaron el paparulo del arquero, el defensor que se dejo ganar y el línea que no marcó offside. Alemania ganaba por Klose, pero sin clase. Pero el gol pone las cosas en el camino esperado. El segundo es una joya, pase de Muller, define Podolski

La defensa de Capello juega a pasar a la historia. No toman al que viene ni al que llega. Pero la ruleta gira y llega un descuento. Alemania se confunde, Lampard apunta desde lejos, directo al travesaño, pica y sale. Es gol, la tele lo muestra en todas sus cámaras, el línea no corre, Larrionda no cobra. Los ingleses protestan en el bar, y la historia gira su sobre sí misma: 44 años atrás, un gol que no fue les permitió ganar su única Copa del Mundo, justamente contra Alemania.

Era el gol impensado, el empate improbable. Un black jack, un pleno, cuando la banca ya no podía perder.

Lo que queda del partido es ruleta, pero rusa, partidazo, la lógica se quedo en el vestuario a tomarse un segundo tiempo sabático. El bar poblado de ingleses y argentinos, que apoyan a los germanos arde. A los 67 aparece Muller, y en tres minutos, liquida la historia.

Faltando 10, el trío paga sus pizzas, termina la cerveza, retrata el momento, y va buscando el punto de encuentro. Atrás queda el que esperamos sea el futuro rival, en un partido raro. Inglaterra pateó mas tiros al arco, tuvo más corners, mayor posesión del balón. Pero le patearon 7 veces, se comió 4.

Para hincarles de rodillas, hay que cortarles las piernas….dice Serrat. Otra vez, el robo fue al ladrón. Pero la historia pone las cosas en su lugar. Decía más tarde Gary Lineker : “El fútbol es un deporte inventado por los ingleses, donde 22 jugadores corren detrás de una pelota y siempre ganan los alemanes”.

Afuera, la noche ya se cierra sobre nosotros. El cambio de ropas, habitual, se hace a paso rápido. Solo faltan dos horas. Varias capas de abrigos, aunque la sangre hierva. Allí vamos, es el último partido de varios mundialistas. El último del primero de Fran. Querrá la ruleta, que se vaya con los bolsillos llenos?

DIA 13: Denme pastillas para no soñar



No.


No, no, de ninguna manera.


Les aseguro que no es lo que están pensando....


Hoy más que nunca soñamos despiertos...

A pesar del esfuerzo del día anterior, el cuerpo no pide descanso. No quiere ni escuchar hablar de esperas ni pausas. Hoy juega Argentina octavos de final, hoy ponemos a prueba nuestro ilusión, hoy, como cada cuatro años, es por el historia de un equipo. Hoy paga el pasaje, la estadía, justifica el viaje.


No, es impensado que el cuerpo afloje.

Desde temprano, los Mundialistas están despiertos. A las 8:30, no hay argumentos para seguir en la cama. Deambulan concentrados, cada uno ensimismado en sus pensamientos y rituales, casi no hay tiempo para nada, faltan sólo 13 horas para que el equipo de Diego salga rumbo al centro del Soccer City

El desayuno es calmo, sin grandes conversaciones. Se ordena estar listos a las 11 a.m., no hay que arriesgar nada. No hay otros compromisos, no hay otros planes. Ni siquiera, hay Matemática ni Lengua.

Se alistan las armas, se exponen en pie de guerra. El uniforme, incolumne, intacto, con el perfume de las batallas de Johannesburgo y Polokwane impregnándolo todo, ya se posa sobre nuestros pechos, tumultuoso, víctima casual del terremoto que se está gestando en los corazones

A las 11, se cumple indefectiblemente la orden. Parte la carvana. El camino, no por más conocido, se hace menos largo. Ya faltan minutos, apenas 600, que giran en el reloj en su cuenta regresiva.

Cuando empieza a rodar la pelota, la locura y el vacío, se cruzan, se tocan, se miran a los ojos continuamente, como las bolillas en una tombola de lotería.

Esa espera, ese dejar pasar el tiempo hasta que el hecho ocurra de una vez por todas, lo fuimos a vivir, en total armonía con el momento....al Casino.

El día, recien comienza....y no se nos cruza por la cabeza que pueda ser el último